Aquí les va la historia de un personaje que alcanzó el éxito.
Conocí a Juanito “El Rata” Ramos cuando yo apenas era un mocoso de quinto año de primaria. Entró a una generación de pendejos que se conocían desde primero de Kinder y por un momento fue la sensación, al menos hasta que los mala leches de los compañeros comenzamos a llamarlo “El joto de Rioverde”. Y pasó a ser un cabrón en segundo plano durante toda la primaria y secundaria. Por coincidencias de la vida compartí la preparatoria con él y otro par de compañeros de la misma generación. Nada rescatable excepto por la noviecita que se hizo, una vieja con cierta reputación de lo que podría ser una cheerleader en un ranchito rabón como el que vivo. Y pese a que cuando lo noté me sorpendió, jamás le dediqué mucho a analizar alguna razón… Por lo menos hasta hace poco.
Y es aquí en donde nuestras historias tienen algo en común, pero cada uno tomando decisiones que le afectarían el resto de la vida. Yo ayudaba en el negocio de la familia, al igual que Juanito. Pero la diferencia era que yo siempre andaba sin un centavo, no tuve coche propio hasta que entré a la universidad y él parecia que siempre tenía dinero. Tenía una camionetota, una moto deportiva, le compraba cosas a su novia, ropa, etc, etc. Y yo era un miserable que ni vieja tenia y que además andaba a pie. Como antes, nunca me preocupé por la razón, simplemente pensaba que al cabrón le pagaba demasiado bien su padre, y que el mío no era lo suficientemente magnánimo porque seguro veia que me chingaba los doscientos pesos que me daba en comics y mierdas de anime.
Luego lo más increible: Juanito preñó a su novia y como es sagrada costumbre, se casaron. Todo esto lo supe porque meses después yo mismo me hice novio de una de las “mejores amigas” de la ahora esposa de Juanito Ramos. Y así de chismosas como solo son las viejas cuando no hallan tema de conversación, me enteré que la esposa no quería casarse con él, pero al final lo hizo por el bebé, y supuestamente por la solvencia económica. Yo siempre fui muy cuidadoso con mi pareja de ese tiempo, porque sabía que ni yo estaba preparado económicamente para un bebé ni ella lo estaba psicológicamente. Por respeto siempre fui extra cauteloso y sobra decir que nunca tuvimos problemas con “sustos”.
Y bueno, Juanito ahora creo que va por el tercer bebé y un cabrón al que le digo “El Peludo” que es precisamente uno de mis amigos que conozco desde la primaria y que se hizo muy allegado a Juanito durante la preparatoria me dijo su secreto:
El cabrón trabajaba, al igual que yo, pero se tranzaba dinero de la caja registradora. Y una buena suma. No solo estaba robando, sino que le estaba robando a su propio padre. Él tenía planeado embarazar a la vieja casi desde el día cero hasta que por fin pegó su chicle para quedarse con la “esposa trofeo”.
¿Qué carajos? Él siempre fue para mí un pinche cero a la izquierda, pero cuando escuché esa historia de robos y embarazos no deseados, me di cuenta de que él y yo teníamos algo en común, pero por elección propia nos llevó a caminos diferentes.
Y no me gustaría ser malinterpretado, realmente no le envidio su vida, solamente envidio el hecho de como logró sus objetivos y yo jamás me atreví a hacerlo. Eso era lo que el cabrón queria en la vida y lo obtuvo sin importar como. Yo no digo que estaria mejor como él, pero sí que tendría una vida bastante parecida o por lo menos con esas ventajas.
Así que chavos, si ustedes buscan una historia de éxito como la de El Rata, les recomiendo mandar a la verga todo lo que conozcan de ética. Simplemente, “El que no tranza, no avanza”.