Fanboys

septiembre 26, 2012

Ay, cómo no amar a los Fanboys y su falta de objetividad.

Tengo Xbox y PS3. Al principio preferí el primero por exclusivas y mera inercia pero poco a poco he estado prefiriendo más el segundo.

Teniendo esta plática con un fanboy de hueso colorado de Xbox y usuario Android de hueso calibre me dio bastante risa la manera en la que se desesperó a tal grado de casi perder la cordura por sobre de una consola.

Su argumento fue que Xbox tiene la mayoría de usuarios y por lo tanto un mejor soporte / número de periféricos… Vaya… me dio a entender que Xbox es mejor porque es lo que todo el mundo compra.

En otra discusión ahora sobre Android / iOS resaltó el mismo tema, pero ahora era malo que los aparatos de Apple eran comprados por todo el mundo y que sus altas ventas no significaba nada.

Fanboys.

En lo personal me gusta mucho leer este tipo de debates y de vez en cuando participar porque es hilarante cómo llegan a defender ciegamente aquello que les costó MUCHO dinero porque nadie quiere parecer como un idiota que gastó en algo cuando hay otro producto superior. Me parece una estupidez, todos los productos sirven necesidades o muy básicas o muy específicas pero llegar a pelearse y enojarse por algo así es tan absurdo como discutir si es superior o no prender una fogata con encendedor o con cerillos.

La realidad es que ya estamos grandes y el andar peleando que si “X” marca de shampoo es mejor que “Y” porque te deja más sedoso el pelo es una reverenda babosada. Hay cosas más importantes en las que podríamos usar nuestro tiempo que en discutir si un aparatito tiene mejor procesador de otro cuando al final del día su uso principal va a ser para ver twitter, facebook o páginas porno.

A veces se siente como si las peleas fueran por qué compañía se merece todo nuestro dinero.

Es todo. Sé que como cualquier pendejada que se publica esto caerá en oídos sordos pero aún así es algo que era necesario sacar del sistema. Tenemos que empezar a comportarnos como HOMBRES. Hay que aceptar que algunas personas compran productos diferentes a los nuestros y que eso no las hace mejor o peor personas. Creo que muchas veces los que adoptan y se aferran a un producto y se convierten en fanboys es simplemente para lograr la aceptación de un grupo de personas, para sentirse librados del yugo y del criticismo de los otros. Por eso debemos dejar de hacer esas estupideces que ya comienzan a repetirse tanto y comienzan a ser TAN cansadas… ¿No se sienten a veces cansados de ver esto una y otra vez? No solamente de participar y defender fervientemente un aparato como si fuera de una religión, sino que a veces cansa nada más el leer al respecto.

El Anónimo

agosto 27, 2012

Era primavera y yo estaba en sexto de primaria en el Instituto. Las primaveras en mi pueblo natal son calurosas, o al menos así lo eran hace unos años, así que las chicas cambiaban el uniforme de invierno por las faldas cortas convirtiendo a nosotros, los chicos, en un manojo de hormonas sin control.

Por ese entonces me juntaba mucho con un par de bribones puñeteros: Un pobre diablo feo al que su madre tuvo el mal tino de llamarle Nicéforo y otro flaco al que apodamos el “Ña” debido al grito que dejó escapar al ser atropellado por una bicicleta en una ocasión. Juntos éramos el gordo, el flaco y el feo.

No recuerdo por qué pero estábamos desarmando un cubo de Rubik en la azotea de la casa de Nicéforo cuando de pronto dejamos las pláticas de mocos y comenzamos a hablar de las niñas: Que cuáles se empezaban a desarrollar y ya saben, cosas de niños que recientemente acababan de descubrir la puñeta.

Para no entrar en detalles muy elaborados, dijimos cada uno cuál era la chica que nos gustaba. Resulta que por ese entonces había una niña de ojos muy lindos y muy inteligente que si bien no era la más bonita del salón o la que ya estaba empezando a desarrollarse (if you know what I mean) se notaba que tenía los pies bien puestos sobre la tierra y, a diferencia de las otras chicas bonitas, no era nada superficial. Es triste pero cada vez ese tipo de chicas superficiales prolifera cada vez más y más.

Nicéforo, el Ña y yo nos decidimos demostrarles a las susodichas nuestro amor sincero(?) de la única manera en la que la televisión nos lo había enseñado: Nos propusimos dejarles tarjetitas con un mensaje anónimo.

Me gusta pensar que soy una persona cuidadosa y lo que menos esperaba era ser atrapado por mi horrible tipo de letra. Así que me humillé frente a un familiar para que le escribiera a esta chica todo lo que me gustaba enfrentando preguntas incómodas. A los otros dos pelafustantes les valió madre y fingieron el tipo de letra.

La hora fatídica llegó: El receso. Nos metimos al salón cuando no había nadie, abrimos los mesa-bancos (?) y depositamos las tarjetas. Recuerdo como estuve a punto de arrepentirme, de no hacerlo no por el temor a ser descubierto sino porque pensé que la tarjeta con el conejo de caricatura no sería lo suficiente para demostrarle que un tipo sin pantalones creía que ella era la más bonita o qué se yo. Al final dejé la tarjeta haciendo a un lado los malos pensamientos.

Yo pensaba que al regreso ella iba a ver la tarjeta, iba a sonreír y la iba a atesorar sabiendo que había alguien que la admiraba y con eso le iba a alegrar el día. Gran error.

Desconociendo o, mejor dicho, malinterpretando las reacciones de las señoritas, todo resulto en un caos. Las tres chicas con las tres tarjetas se reunieron y las compararon. Primero, supongo, para descartar que fue acto de una sola persona y una broma hacia ellas y en segundo, supongo de nuevo, para descubrir a quiénes lo habían mandado.

Ya es costumbre mía dibujar cuando estoy aburrido, nervioso o estresado y eso hice: Dibujé. A mi alrededor veia nada más como las tres iban de un lado a otro preguntando y a mí siempre me pasaban de largo. Nunca le pregunté a los otros dos pendejos pero su experiencia debió ser muy similar. No aguanté más los nervios por la cacería de brujas y fui a tirar el miedo al baño. Al regresar se me heló la sangre al ver que las tres estaban en mi lugar comparando la letra de la tarjeta con la de una libreta y sí, recordaba perfectamente que yo no la había escrito, pero eso nunca te quita el temor de que tal vez sospechen de ti.

Para mi desagradable sorpresa tenían la libreta de alguien más y estaban en mi lugar nada más porque estaba desocupado. Se disculparon y se quitaron. La libreta era de un tipo nefasto, de esos niños que son caritas y se les abren la puertas puertas del mundo. Fue en ese instante que comprendí dos cosas. La primera era que no eran expertas criminólogas y la segunda era que iban a estar buscando a las personas que ELLAS querían que fuera el anónimo y no a los verdaderos culpables. Así que la morrita que me gustaba mostró una cara que desconocía. Un poco desalentador, pero así es la vida. Nadie es perfecto y en definitiva no te debes enamorar de alguien a quien crees perfecto o te vas a decepcionar un chingo.

Hasta la fecha dudo mucho que supieran quiénes fueron los culpables. Nunca se los dijimos y, apostando  fuertemente a que nunca se toparán con este post, nunca lo sabrán.

Esto viene de Lifehacker.com

For both men and women, we assume the other sex understands what’s being said. In reality, male and female brains operate a little differently and women are generally far more capable when it comes to verbal communication. This advantage allows women to track multiple conversations and pick up on intricacies of speech that men can’t. In essence, women are better listeners than men by default, even if it’s a somewhat minor distinction. The Norwich Bulletin points to a study from the University of Sheffield that discovered the male brain has trouble tracking a woman’s speech because of how it processes the sound of the female voice:

These researchers found differences in the way male and female brains process voice sounds. The results of this study demonstrate that, in the male brain, the perception of male and female voices activates different brain regions. The guys could easily hear and understand other men’s voices. However, women have a greater natural melody in their voices and possess a more complex range of sound frequencies than a male voice. The men in the study had a harder time deciphering them and really hearing what a woman was saying. When they heard the female voices, they had to decipher them using the part of the brain that processes music – a more complex process than is used in the part of the brain that analyzes a male voice.

The only real solution to the problem is for both men and women to be aware and understanding of this inherent communication issue. Communication is difficult even without the gender differences, so it can help for men to make the extra effort and for women to understand that what they say may not always come across in exactly the way they think.

Y es raro pero me he topado con gente que cree que leemos la mente o sabemos que está pasando demasiadas veces como para que sea gracioso siquiera. ¿Es tan difícil decir las cosas como son y ya?

Secret Grinch

noviembre 16, 2011

Ya es esa época del año en la que la gente de la oficina se pone mamona y quieren hacer sus intercambios secretos. La idea que tienen ellos es dar un regalo de 50 pesos y en el transcurso de una semana ir dando regalitos pendejos como paletitas o cosas por el estilo.

Les moví un poco el tapete cuando les propuse mi idea del Secret Grinch. Es exactamente lo mismo que un Secret Santa excepto que en vez de ir dejando regalitos se van haciendo travesuras o maldades pequeñas como robarles las plumas, esconderles los mouse, rayarles las libretas o cosas por el estilo. El día final en vez de darles un regalo de 50 pesos la idea es jugarles una broma pesada o robarles algo de mucho valor.

Hubo risas y aplausos por mi idea pero al final no lo hicieron porque pues no es el espíritu navideño que se podría esperar de personas adultas. Meh.

– La Historia Sin Fin se acabó.
– A los chicles Infinity se les acaba el sabor.
– El servicio de Infinitum está limitado a la velocidad que contrates.
– El internet ilimitado de telcel tiene una política de uso justo de 3GB.
– Buzz Lightyear voló muy poquito en la película.