El Muñón

febrero 3, 2006

Jamás pregunté a Santiago sobre la manera como perdió su dedo meñique. No me gusta traer a flote ese tipo de plática cuando estoy con un compañero de trabajo en el tiempo libre. Sin embargo en los momentos de “silencios incómodos” me ponía a especular sobre la manera como lo habría perdido. A dos años de conocerlo logré pensar en más de dos mil trescientas doce maneras de cómo pudo haber perdido el dedo… desde haber tenido un accidente en la niñez con un perro hasta haber sido secuestrado. Es normal en mí hacer este tipo de cosas tan morbosas, y más aun llevar una bitácora. No soy obsesivo-compulsivo, ésta es la primera vez que hago algo así con alguien, supongo que eso me hace curioso-obsesivo primerizo.

Y fue una noche saliendo de trabajo, justamente en un bar cuando me dijo “la verdad” o al menos me dio una razón por la cual le faltaba su dedo. Ya ibamos en la sexta ronda cuando como de costumbre y luego de hablar de la incertidumbre de los compañeros de trabajo, llegamos al “silencio incómodo”. Tal vez… tal vez tenía el dedo extendido y…, pensaba yo en la manera número dos mil trescientas trece cuando Santiago me interrumpió.

– ¿Te estás preguntando como perdí mi dedo? – Me dijo con torpeza en su voz gracias al alcohol mientras levantaba su mano y con algo de tristeza se miró el lugar donde debería estar su dedo.
– No… – le contesté. Siempre había tenido mucho cuidado de que no se diera cuenta que le veía la mano cuando comenzaba a especular, siempre hay una primera vez…
– No soy estúpido. – Me reclamó y bajó su mano para verme a los ojos y decirme – Fue por una mujer…

La setecientos sesenta y ocho, pensé yo, le ofreció su dedo a una mujer como prueba de amor eterno.

– No sé como comenzar… – Dijo pausadamente para después darle un trago al vaso – …¿Has escuchado hablar de la Garra de Mono?
– No tengo idea. – Le respondi sientiendo como el velo del alcohol comenzaba a retirarse.
– Es una leyenda de Japón, seguramente la habrás visto en la televisió o en el cine… El punto es que esa garra de mono puede concederte tres de tus sueños. – Asentí con la cabeza para hacerle entender que lo estaba escuchando. – Eso de la Garra de mono es una pendejada pero tiene algo de verdad… – Continuó – …Hay una tribu en Nueva Guinea que fue descubierta hace poco. Separados de la sociedad, vivían aun en una especie de edad de piedra. Lo extraño es que no tenían plantaciones ni herramientas de caza, pero sí cosecha, pieles y carne… pero lo que es aún más sorpendente es que casi todos los adultos tienen amputados más de un dedo… ¿Me estás siguiendo?
– Es que me dijiste que lo hiciste por una mujer…
– ¡Conecta los puntos! – Me gritó y aun así todas las personas del bar nos ignoraron, clásica plática de borrachos, deben de estar pensando.
– Si dices que una garra de mono cumple sueños y luego la tribu con dedos faltantes pero alimentos supongo que dices que cercenarte un dedo te concede tus sueños.
– Por eso es que te lo he contado a ti y a nadie más. Así es, tuve la mujer de mi vida. Muy fácil, bastante fácil, no hubo magia, fue una serie de coincidencias y situaciones que se dieron en muy poco tiempo. Pero yo quise que ella fuera mía… y así lo fue, pero no para siempre. Debes tener mucho cuidado al pedir lo que deseas, es como con los genios, debes ser… específico.

Cortarse el dedo para pedir un deseo, jamás se me ocurrió siquiera… aunque con el tiempo se me habría ocurrido.

Pasó el tiempo y me retiré, aunque no me burlé de él, por dentro me cuestionaba a mí mismo la credibilidad de su explicación. Creo que más bien lo que tenía era que yo había pensado en tantas razones, TANTAS y ninguna de ellas fue. ¿Cómo carajos me pudo dar una explicación que jamás se me pudo ocurrir? Y no es que no se me hubieran ocurrido razones paranormales… La mil treinta es que perdió su dedo por unos extraterrestres que juntan muestras de los sujetos abducidos. ¡Mano de mono mis huevos!

Y lo que era de esperarse pasó… sugestionado por la plática en la noche tuve sueños. ¿Existe algo que deseo con todas mis fuerzas? No tengo esposa… pero tampoco es que desee una mujer en específico. Y no es un tema que me preocupe por el momento. ¿Dinero…? Creo que me pagan muy bien. Pero había algo… algo que siempre quise… y creo que al final si quería algo que por lo menos muchos quieren… conocimiento. Tuve un hermano con el que discutí hace más de cinco años, era un alcohólico, un drogadicto y pasó lo que ocurre eventualmente… embarazó a una mujer a la que ni siquiera amaba. Ergo, se fugó, dejando a mis padres bajo la custodia de una tipa que ni conocíamos y un bebé no deseado. Tan pronto y terminé mis estudios dejé esa casa pero siempre quise saber que fue de mi hermano. A lo que quiero llegar es que desearía que me platicara que ha estado haciendo todo este tiempo.

A mitad de la madrugada escuché como tocaban el timbre de mi hogar repetidamente y sin descanso. Extrañamente sentí mojada la cama, me palpé la entrepierna… no sufro de incontinencia, fue lo único que pensé y me dirigí a abrir la puerta pues la persona del otro lado no paraba de tocar el timbre. Sin siquiera preguntar abrí la puerta y me topé frente a frente con mi hermano.

– He estado muerto durante un año – fue lo primero que me dijo, yo me quedé en silencio… ¿Todavía sigo soñando?
– Tu mano está sangrando – me dice, y luego siento como algo viaja de la punta de mi mano hacia mi cerebro desgarrando todo a su paso… Ouch, es lo único que pienso antes de que todo se vuelva oscuro.
Y lo primero que veo es una luz que me enceguece y sombras sobre de mí. Debo estar en un hospital. Lo primero que hago es alcanzar con mi mano derecha la izquierda, siento completamente adormecida la mano, está cubierta en bendajes. Lo primero que busco es el lugar donde mi dedo meñique debería de estar. ¿Estaré soñando? Palpo y suspiro al darme cuenta de que ciertamente hay algo en donde por lógica debería haber una hendidura… ¿Pero cómo?

– Que bueno que ya despertó, tuvo mucha suerte de que un vecino lo encontrara a tiempo a usted y a su dedo. – Dice el doctor de turno que debió haberme atendido. – Por el momento le recomiendo no tratar de mover la mano izquierda bruscamente, ¿Le puedo preguntar cómo fue que pasó…? ¿Tiene usted seguro médico…?

Mío...Traté de contestarle pero me sentí muy cansado. Simplemente me quedé dormido. Y comencé a soñar, dentro de mi sueño lo primero que vi fueron mis manos. El dedo meñique de mi mano izquierda tenía enormes puntadas que lo rodeaban. ¿Por qué? ¿Cómo fue que me corté el dedo? ¿Soy acaso sonámbulo…? ¿Tengo doble personalidad…? ¿Qué fue?

– Debiste haber pedido algo que necesitabas. – dijo una voz que salió de la nada, que rodeaba todas partes de aquél sueño vacío.
– ¿Quién eres? – le pregunté.
Soy Ambición: Emoción cuatro destructor de sueños. – y la voz de pronto se hizo visible en una especie de ser con forma humanoide pero bastante desproporcionado.

Me vio de cabeza a los pies, una sonrisa se le dibujó en el rostro al ver mi mano.

Mío... – dijo apuntando a mi dedo que instintivamente cubrí con mi mano derecha.
– Mío... – volvió a insistir.

Después con uno de sus brazos separó mi mano como si estuviera jugando con una muñeca y con el otro arrancó mi dedo meñique, las puntadas se llevaron trozos de carne que no eran preciamente parte de mi dedo. No sentí dolor, sólo asombro y un calor que llenaba toda mi mano. Sangre. Desperté agitado por aquella visión, vi a mi hermano sentado al borde de mi cama. Algo viaja de mi mano a mi cerebro a una velocidad indescriptible, desgarrando… Dolor. Gritos. ¿Sigo soñando?

Cincuenta y dos: ¿Automutilación?

Sesenta y ocho: ¿Automutilación?

Noventa y uno: ¿Automutilación?

Tescientos tres: ¿Automutilación?

Dos mil trescientos trece: ¿Automutilación?

Epílogo.

Santiago ve por la minúscula ventana a su antiguo compañero de trabajo, a quien consideraba su amigo. Una camisa de fuerza le detenía ambos brazos. Tenía bendajes por toda la cara.

– ¿Entonces lo conoce? – pregunta el sujeto a Santiago.
– Era mi amigo… – le responde – ¿Qué fue lo que le pasó exactamente?
– Después de haber perdido un dedo perdió la razón, sufre de alucinaciones, habla con su hermano cuando está solo.
– ¿Por qué la camisa de fuerza y los bendajes? – preguntó Santiago.
– Automutilación… – responde – En el hospital le habían salvado el dedo pero él lo arrancó, después de que lo trajeron aquí comenzó a moderse los labios hasta que los perdió por completo. Se los comió.
– ¿…Le ha dicho algo más? ¿Le dijo por qué se automutiló? – Santiago recibe como respuesta un movimiento negativo de la cabeza.
– Es todo doctor, muchas gracias por dejarme haberlo visto. Debo regresar pues mi mujer me está esperando en el auto.
Santiago siente en su interior que fue su culpa, jamás debió haber revelado su secreto. Ni siquiera le pudo advertir sobre qué debía y que no debía hacer. Se libra de la culpa muy rápido diciendo que fue culpa del alcohol.

– Vaya mujer tan hermosa que tiene – dijo el doctor cuando despidió a Santiago – Desearía que la mía fuera así.
– Soñar no cuesta nada, ella es nada más apariencia, nada de cerebro – dijo Santiago.

Al despedirse ambos sujetos se estrechan las manos, Santiago siente que algo está mal con la mano del doctor, le faltaba uno de sus dedos.

2 comentarios to “El Muñón”

  1. Diablo said

    pues te quedó bien chida…

  2. kwz3 said

    Esta pequeña y aburrida historia con elementos cómicos es nada más para practicar un poco el abandonado arte de la escritura. Sí, la Garra de Mono es una leyenda y sí, hay una tribu en Nueva Guinea llamados los Deli que se cortan sus propios dedos. ¿Qué más…? La imagen es de un Comic que se llama Seven Soldiers: Shining Knight.

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